"Un coloquio cuadrupedante"
Marco Katz
Madrid, prmavera de 2002
            En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Recientemente, el caballo había estado preocupado y el perro pensaba en preguntar por qué. Son pocos los momentos en que se ocurre a un perro hablar con un caballo y menos aún los tiempos en que le responden los rocines.
            ¿Es posible que realmente hable ese can?
            Por seguro no lo hice por un gusto de oír insultos ecuestres. Hablé con la intención de dar una solidaridad cuadrupedante.
            Lo siento tío, pero normalmente no entiendo nada entre tus ladrillos. No sé porque esta noche me parece idioma sensible.
            Normalmente no hay para decir y puedo ladrar sólo para dar gracias a lo demás.
            ¿Crees que tus ruidos nos dan placer?
            ¡Otra vez con tus desprecios! Nunca he dicho nada sobre tus relinches. ¿O me contestarás o no?
            No, no es nada. Quiero escucharte en serio. ¿Cuál es que deseas saber?
            Vale, pues noto que andas muy preocupado. ¿Te ha pasado algo?
            Bueno, como me habías parecido un galgo más simpático, uno que caza no por el gusto de la sangre sino únicamente cuando recibes órdenes del amo, te voy a decir unos pensamientos míos. A mi parecer nuestro jefe está desarrollando planes muy raros y tiene previsto hacer aventuras como aquellos caballeros de los siglos pasados. Lo temo la idea puesto que un caballero necesite un caballo y aunque soy rocín estoy caballería única que de su hacienda permanece. No tengo problema ninguno en llevar un hombre tan delgado pero si le ocurre vestir en la armadura de sus antepasados creo que me fatigara muchísima.
            ¡Guay! digo ¡guau! ¿Qué has visto?
            Pues, nada en concreto. Por las noches, sin embargo, el viejo queda despertado leyendo unos libros muy anchos y bien saben los animales que «por su mal le nacieron alas a la hormiga», que quiere decir que con los libros los seres humanos dejen de ser como deben por su naturaleza y convierten en figuras que se extrañan a todo el mundo. Bajo la influencia de los textos, un hombre o una mujer es capaz de actuar no sólo como caballeros sino como caudillos, nacionalistas, republicanos, comunistas, judíos, cristianos, musulmanes y otros muchos monstruos creados por la literatura.
            Me alegro, entones, que no tenemos tal droga disponible a los otros animales.
            Nuestro amo —añadió el rocín— ha formado el hábito de hablar entre sí, puntuado sus discursos de vez en cuando con exclamaciones pavorosas. Por las mañanas suele entrar en manera furtiva a la habitación donde han puesto su abuelo las armaduras familiares. Le he visto por la ventana limpiándolos cuidadosamente. Imagínate ¿cuánto pesa este montón de metal?
            Y supone que realmente va a hacer estas locuras, ¿qué te pasará? —preguntó el perro.
            Por lo menos aprovecharé sus caminos para ver el mundo. ¿Quién sabe que será? Me han dicho, cuando era potro, «que entre los bueyes, arados y coyundas sacaron al labrador Bamba para ser rey de España».
            ¡Ja! —exclamó el perro— ¡Que viva el rey Rocín!
            Mire quien ahora hace las burlas.
            Lo siento amigo pero la imagen era como una escena de las películas.
            No obstante —continuó el caballo— hay oportunidades para mejorarme. Me gustaría ver las tierras ajenas y conocer, por ejemplo, el fabuloso Montiel. Nunca he respirado aires buenos como se dicen que existen en las sierras. Siempre he querido saber de que consiste una ínsula. En Toboso, según una leyenda de mi juventud, vive una yegua, eternamente joven, con una belleza extraordinaria.
            Me parece muy turístico aunque admito que la posibilidad de encontrar hembras nuevas es siempre interesante. Así somos los perros.
            Por las noches me gustaría escuchar las historias de nuevas personas. Me imagino que se puede aprender mucho de las ventanas tanto de las ventas como de los castillos cuando empiecen a contar sus vidas los soldados, los mercaderes, los oidores y los duques.
            ¿Los duques en España? —exclamó el perro en esta sazón— Quizás eres tú quien hayas leído demasiado en los libros antiguos.
            Asaz contento estaré con las historias de gente soez —respondió— si son novedades. A pesar de tus objeciones creo que todavía hay duques en algunos países.
            ¿Piensas en caminar hacia el extranjero? Creo que no has pensado bastante sobre los trabajos de un rocín del caballero andante. Falta mucho kilómetros para ir a las cercanías y las carreteras de hoy son más duras que los caminos del siglo de oro.
            Sí, tienes razón.
            Además, las caballerías no van sólo para proveer transportes sino para participar en la acción. ¿Piensas, realmente, en asistir a las batallas?
            ¿Cuáles batallas?
            Me perdones, amigo ecuestre, pero un caballero en el estilo barroco no es ningún guiri con intenciones sólo de visitar los palacios y las iglesias de Iberia. Su meta es el sueño imposible, luchar en contra del enemigo invencible, etcétera, etcétera.
            Pero ¡ésta es una locura!
            Creo que hemos decidido esta misma desde la primera página.
            Desde luego no quiero ir a las guerras. ¿Para que me valga las historias y las vistas panorámicas si tengo que morirme en el combate pocos días después? Mejor quedarme aquí en la aldea donde hay siempre cebada y unos buenos amigos como tu. No quiero irme. ¡No quiero irme!
            Tranquilo, tío, tranquilo. No tendrás que ir a ningún parte. Ésta de los caballeros no es nada; ni un autor contemporáneo de la ficción ciencia pueda inventar tal historia. Estamos hablando para pasar las horas. Seguro que el viejo no te llevarás nunca en tales aventuras locas.
            ¡Que susto!
            No pasa nada. Cálmate. Nuestro jefe tiene demasiado planes para mí, como es justo puesto que los perros no pueden vivir sin sus amos.
            ¿Y los caballos?
            A los ecuestres no faltan las personas como a los perros. Vosotros viváis en un mundo aparte incluso que hay caballos salvajes en muchos partes del mundo. Al contrario, nosotros dependen en los bípedos y por eso somos sus mejores amigos. Nos dan ellos nuestros nombres y nuestra existencia.
            Pero para salir al combate. ¡Que osadía tienes!
            Nada de eso. Las actividades de nuestro cincuentón no son nada peligrosas, sólo es que a él se le mola un mogollón cuando me vea a mí emocionante como si estuviéramos saliendo para aventuras reales. En verdad no hay nada temible en sus paseos. ¿Sientes mejor?
            Pues sí, a pesar de que tengo todavía un cierto desasosiego. Ojalá no tenga que dejar la granja. Pienso en engordarme un poco. También me interesa la jaca que vive en la finca al lado.
            No hay nada para preocuparte. El amo no va a ir contigo para dejarme sólo en la aldea. Él no me trataría así. Un galgo tiene vida siempre que ande por los bosques y corra por los prados. Tengo que salir con él cada día para hacer mis investigaciones de los senderos y los arroyos. El amo nunca me trataría así porque sabe que no existiría yo sin él. Nunca, nunca me dejaría perecer en la primera línea.